La agricultura del futuro será sostenible o no. Sobre esa base, se basan en las tácticas propuestas por distintos organismos de todo el mundo para atender a una población que va a disparar. Se estima que en 2050 habrá 9 mil millones de habitantes. “Es realmente difícil dar de comer a tanta gente con el modo de producción de hoy”, ha dicho el economista Jesús Navarro, director general del experto en tendencias de innovación de ‘Innsai. De ahí una corriente de “innovaciones a nivel mundial”, añade, para “una forma más sostenible de producción agrícola”.
En este contexto, la Comisión Europea presentó el pasado jueves su plan “De la granja a la mesa”, en el que prevé que el 40% de los fondos europeos gastados en política agrícola entre 2021 y 2027 contribuirán a la llamada acción climática. Además de la crítica de que la publicación de esta estrategia ha dado rincón a que múltiples grupos de labradores pidan un retardo para medir primero el impacto de la actual crisis sanitaria, no cabe duda de que muchas prácticas agrícolas deberán amoldarse a esta inclinación. en los próximos años. En la Zona de Murcia ya hay varios proyectos que adelantan una forma de obtener recursos del país alén de la famosa agricultura ecológica, en la que esta red social autónoma es ya líder nacional, con el 25% de su área de cultivo. . Adjunto a.
“Me di cuenta de que la agricultura ecológica no era suficiente”, dice Sebastián Sánchez, agrónomo y productor de Mazarrón. “Cultivar tomates orgánicos en Suecia en invierno no es sostenible, como lo es consumir guisantes orgánicos importados por aire de Kenia”, ilustra este experto que creó su propio productor, Worlmark Alimentos Ecológicas en 2005 con su hermano Juan Pablo. Hoy tienen 200 acres al aire libre y dos años y medio en invernadero, además de “un nuevo centro de frutas y hortalizas” que están creando en un complejo de sobra de 10.000 metros cuadrados. “No pienso que haya en Europa otro proyecto como el que deseamos hacer”, afirma Sánchez, refiriéndose a poder “un circuito cerrado entre la producción rural e industrial, en un ejemplo evidente de ‘economía circular’.
Europa desea que el 40% de los fondos agrícolas contribuyan a la llamada acción climática
Raúl Zornoza, investigador de la Facultad Politécnica de Cartagena (UPCT) y experto en manejo de suelos, enseña que la agricultura sostenible es un sistema productivo con beneficios económicos caracterizado por un encontronazo reducido en el medio ambiente y la salud humana, y en el que se optiman los elementos de empleo y se promueve la administración de la biodiversidad y la economía circular. Él predice “desde el campo hasta el cliente en su grupo”. Sánchez añade “el confort de nuestros empleados”. El productor, que es uno de sus trabajadores malienses como refugiado de guerra, asegura haber “probado que una política de” trabajadores contentos “puede conducir a una mayor rentabilidad económica”.
Esta clase de garantía no se cree en los productos orgánicos, con lo que la Unión Europea se restringe a manifestar que están exentos de pesticidas y fertilizantes y que no utilizan primordialmente semillas genéticamente modificadas; pero sobre las cuales no hay control sobre el uso de agua, energía o plástico, entre otras cosas.
Raúl Zornoza, de la UPCT, advierte que el nuevo servicio “no puede ser sostenible si no es productivo”
En la actualidad, las llamadas prácticas sostenibles son prácticas imprecisas (por servirnos de un ejemplo, la utilización de plaguicidas bajo ciertas garantías sanitarias y ambientales). No están regulados por ninguna certificación, pero cada vez son más los productores que los están aplicando, así sea con miras a la conservación, bien para meter la cabeza en un “ mercado verde ” que aumente su interés entre los usuarios, o para anticiparse a los lineamientos desarrollados por distintas organizaciones internacionales y, posteriormente, administraciones. O todos al unísono.
Por alguna razón, los proyectos relacionados con la sostenibilidad se han incrementado en la región en los últimos años, como la puesta en marcha en noviembre del año pasado de una planta de energía solar fotovoltaica para dotar de energía limpia a la desaladora privada de la Red social de Regantes de Mazarrón, que ser usado todos los años Ahorre 40.000 toneladas de emisiones de CO2 y evite la evaporación de hasta 35.000 metros cúbicos, al unísono que disminuye el valor del agua. Otros ejemplos son la apertura, por la parte de la compañía Kernel Export, en Los Alcázares, de una unidad de producción de biogás y fertilizantes con reutilización de restos agrícolas, la creación de una unidad de biometano en Lorca en la que se empleará el estiércol de cerdo y el esfuerzo de la Cooperativa Pinatarense Camposeven. introducción de pautas mucho más estrictas que las de la producción orgánica.
Estos desarrollos están en el corazón del proyecto Farm to Fork, que tiene como objetivo “asegurar alimentos alcanzables y sostenibles para los europeos, combatir el cambio climático, resguardar el medio ambiente, preservar la biodiversidad y desarrollar la agricultura orgánica”. El plan, que tiene dentro el artículo de la Comisión Europea del que proceden estas citas, tiene como objetivo trabajar en grupo “con los Estados miembros y las partes con intereses” para garantizar que la transición sea justa y equitativa para quienes trabajan en el ámbito; achicar el uso de pesticidas químicos, fertilizantes y antibióticos y desarrollar técnicas innovadoras que protejan los cultivos contra anomalías de la salud y plagas. “Esto asimismo ayudará a combatir el estafa alimenticio” y, otro punto esencial, “los artículos alimentarios importados de terceros países tienen que realizar las normas medioambientales de la UE”, añadió.
En la época de nuestros abuelos, dice Sánchez, “cumplían con la normativa que ahora conocemos como agricultura sostenible”. El cambio llegó, afirma, con el surgimiento de “la agricultura industrial de hoy basada en el monocultivo, que nos hizo dependientes de agroquímicos y semillas producidas por multinacionales”. Raúl Zornoza mantiene que merced a esta “agricultura industrial”, que explotó en Europa y USA en la segunda mitad del siglo XX, fue posible “garantizar el abastecimiento de alimentos de una población en crecimiento y prosperar la rentabilidad de los activos agrícolas”. “.
Optimización de elementos
La llamada “revolución verde”, como se ha llamado a este cambio, logró sus objetivos, si bien “sin meditar realmente en los efectos negativos que puede tener sobre el medio ambiente o la salud humana”. Estos “efectos negativos” de la novedosa producción intensiva se dejaron sentir principalmente a partir de la década de 1980, con lo que se empezó a reconocer que “la continuidad de la agricultura podría verse conminada por la humillación, polución y polución del suelo. Y la sequía”. Este “peligro de. productividad reducida más adelante, sumado a efectos indeseables sobre la calidad del medioambiente y la salud “, abrió la puerta” para hablar de agricultura sostenible en la que, aparte de tener en consideración la producción y la economía y la rentabilidad como pilar primordial, otros conceptos se incluyeron, como la optimización de recursos, la conservación de la biodiversidad, la calidad del suelo, el agua y la atmósfera, y la utilización de los recursos naturales libres en la zona; al tiempo que se reduce la dependencia de insumos externos, si bien esto no signifique que sean erradicados, sino más bien se optimiza su empleo ”, destaca el estudioso.
La primera definición del nuevo modelo está contenida en el llamado “Informe Brundtland” de 1987. Enseña que la agricultura sostenible es “ese desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin la aptitud de las generaciones futuras para satisfacer sus pretensiones. Su pretensiones propias La Cumbre de las ONU en Johannesburgo (Sudáfrica) en 2002 y la FAO, su organización encargada de la agricultura y la alimentación, dieron forma al término, agregando la necesidad de “garantizar la rentabilidad, la salud ambiental, los asuntos ambientales y sociales” y la igualdad económica ” .
La propuesta no es un retorno a viejas prácticas que apenas podrían agradar las pretensiones de la creciente población. Sánchez confirma que con la tecnología actual ya es posible “emplear todos los recursos de nuestro mundo de manera sostenible”. Jesús Navarro, por su parte, destaca que “la clave” es lograr una transformación hacia estas prácticas “sin que ello implique un aumento de costos y, consecuentemente, un mayor precio de venta de los modelos”. Según él, esto implica “la utilización de tecnología 4.0 (IA (inteligencia artificial), robótica, drones, sensores, computación en la nube, etc.), lo que ayudará a los labradores a ser más productivos y eficientes ”.
“Creo que, más adelante previsible, los Objetivos de Avance Sostenible estarán íntimamente vinculados a la digitalización de los modelos de negocio”, admite. Raúl Zornoza, investigador Ramón y Cajal de la Escuela Superior de Ingeniería Agronómica de la UPCT. El especialista lidera tres proyectos “fomentando la agricultura sostenible mediante la administración de la biodiversidad”, como él los describe. O sea Divefarming, respaldado por el programa europeo Horizonte 2020; Soildiver Agro, asimismo del programa Horizonte 2020, y Asocia Hortus, emprendimiento nacional respaldado por el Ministerio de Ciencia y también Innovación. Los objetivos de estas ideas, destaca, “siempre se posicionan en la producción, ya que un sistema no es sostenible si no es rentable”.
Mucho más conciencia
En el caso de la Zona, la agricultura “se ha caracterizado en los últimos años por su carácter intensivo y sus efectos negativos sobre el medio ambiente, pero como en gran parte de Europa y el mundo donde ya se ha desarrollado la agricultura mecanizada sumada a una industria exportadora”, el especialista explica. Pero, añade, muchos de los labradores [murcianos] son siendo conscientes de la degradación medioambiental causada por la agricultura intensiva, que asimismo se prefiere [Política Agraria Común europea] PAC durante las décadas y en este momento están adaptando sus modelos para una agricultura mucho más sostenible ”, enseña.
“Hay una mayor conciencia del inconveniente y se trabaja para progresar la sostenibilidad de las huertas”, afirma. Y advierte que la administración pública tiene “una misión fundamental de establecer pautas de acción basadas en los principios del avance sostenible, que orienten a los agricultores y sean consensuados siempre y en todo momento”.
Hoy día “hay muchos proyectos en la región, en España, en Europa y en el mundo relacionados con estos temas”, dice Zornoza, subrayando la enorme reputación de la Comisión Europea. Pero también advierte sobre la necesidad de efectuar estudios que evalúen qué prácticas son las mejores en cada caso: “Porque sólo algunas de las tácticas marchan bien en todas y cada una partes”. Al contrario de lo que opínan otros expertos, como el economista Jesús Navarro, el estudioso de la UPCT no cree que la crisis del Covid-19 vaya a sensibilizar sobre estos temas a una población mucho más preocupada por la reactivación económica que por garantizar un ámbito. Está hecho. “Es un error”, demanda, “porque las prácticas sostenibles afirman que la producción sea productivo y se mantendrá en el tiempo”.
PRODUCTOS AGRÍCOLAS DE NUESTRA TIENDA
[amazon_auto_links id=”107880″]





