De los Andes a La Hoya para apoderarse el mundo

El interés por la quinoa se ha disparado, tanto en el mercado como en el campo agrario regional, donde se le considera un cultivo con enormes posibilidades ante el embate del cambio climático. Su capacidad para progresar en condiciones extremas de sequía y salinidad, y el incremento de su desempeño (solo entre 2010 y 2014 multiplicó por 2,5 tanto su producción mundial como su precio) dejaron a esta semilla hacerse el año pasado con entre las ocho iniciativas estratégicas de «especialización capaz» a las que la Zona ha dotado con 4,3 millones de euros. La inyección de fondos públicos que ha recibido, en parte procedente de Europa, persigue el desarrollo de productos de nutrición, y asimismo de cosmética, a partir de este cereal que hasta hace menos de cinco décadas aún no había salido de la zona andina en la que lleva cosechándose 5.000 años.

En nuestra geografía su cultivo es 50 siglos más reciente. Sus primeros productores aquí fueron los hermanos Juan y Pedro Montes Costa (causantes de la firma lorquina Moysan Land), que comenzaron a plantarla hace más de un lustro, antes de que se desatase la fiebre investigadora cerca de este producto en la Zona de Murcia (el Cebas-CSIC y la Universidad de Murcia, entre otros muchos centros de ciencia, tienen abiertas líneas de trabajo cerca de la quinoa).

«En el momento en que comenzamos el estudio de cultivos promisorios, o cultivos adoptables [por la agricultura regional], ahora la estaban cultivando», explica José María Egea Sánchez, uno de los estudiosos de la Facultad de Biología de la UMU que han comenzado a trabajar con esta semilla hace unos años. El especialista sitúa «la primera y mayor experiencia con el cultivo de quinoa en la Zona en marzo de 2015, que fue cuando se sembró una hectárea de quinoa de la pluralidad Salcedo-Inia de Perú» en una finca de Moysan Land en la pedanía lorquina de La Hoya (Lorca). Ese primer ensayo «no aguantó las altas temperaturas del verano, que fueron superiores a los 40 grados en ciertos días, ni tampoco las lluvias de principios de otoño».

Para ponerlo más difícil, recuerda, «además de esto hubo un ataque de mildiu que fue bastante belicoso». Con tanto contratiempo aquella cosecha se perdió completamente, como asimismo se perdió la del año siguiente, 2016. Lo que no degeneró fue el impulso de estos vanguardistas, que en 2017 continuaron los ensayos, en esta ocasión adelantando la siembra a enero. Funcionó, si bien la cosecha solo alcanzó un 10% de lo esperado.

Llegó 2018 y con una exclusiva siembra, en esta ocasión a finales de febrero, y interpretada por una nueva pluralidad, la Titicaca. Se cambiaron algunos parámetros, como el riego, y se extrajo una producción de 2 toneladas por hectárea (a una tonelada de la cifra que se toma como posible para su producción en la Región de Murcia). El año pasado, tras cambiar ciertas variables más, se alcanzaron los 2.500 kilos por hectárea, lo que ya piensa un ratio de producción atrayente.

Al mismo tiempo se han iniciado ensayos en la finca Casa Pareja de Jumilla, de momento sin éxito, si bien para esta campaña se prevén mejores desenlaces. Entre tanto arraiga en la Región, la quinoa prosigue acrecentando adeptos en el mundo, merced a unas características que llevó a la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a declarar 2013 el año de este alimento, «por su calidad nutricional y su relación con la seguridad alimentaria».

Fuente La Verdad de Murcia

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