La lucha incontenible por alimentar al planeta

La crisis de Covid-19 deja en claro que, si bien muchas ocupaciones pueden eventualmente detenerse en una urgencia, la agricultura jamás debe detenerse. El decreto de estado de alarma, que nos ha mantenido en nuestras viviendas a lo largo de 17 días, y el comienzo de la primera semana de cese total de la actividad económica en España, no encajan con el campo. Por contra, el bulto de medidas contra el coronavirus incluye medidas para asegurar la explotación agrícola y distribución de estos recursos a fin de que lleguen a la población. En Francia, incluso va a facilitar la contratación de hasta 200.000 trabajadores auxiliares para asegurar que la agricultura se sostenga a plena capacidad para otorgar a las familias un control total.

Otra idea que se puede extraer de esta crisis económica y de salud es que varias cosas tienen la posibilidad de cambiar en nuestra intensidad de valores materiales, económicos, sociales y personales y en nuestra cosmovisión, pero suceda lo que suceda. Creaciones que tenemos. Puede venir de todo esto, va a haber una necesidad que sin duda hay que satisfacer: dar de comer a una población que tiende a acrecentar de forma importante. Se proyecta que los 7.500 millones de personas que viven actualmente en el planeta serán mucho más de 8.500 para 2030 y mucho más de 9.700 para 2050. Para esa fecha, se espera que la demanda mundial de alimentos aumente en mucho más del 45%. Al tiempo, “el desafío del hambre cero para la raza humana y garantizar que todas la gente tengan ingreso a una alimentación correcta a lo largo de todo el año”, necesita, entre otras cosas, “un incremento del 100% en la eficacia”, dijo el profesor emérito de la Facultad Politécnica. de Cartagena. , UPCT, Francisco Artés Calero.

En números

2.000

miles de individuos agregarán el mundo a su población de hoy en treinta años

100%

Es el aumento necesario en la productividad del ámbito para dar de comer bien al planeta.

Ante semejante desafío, la pelea de hoy por continuar generando alimentos, pese al ataque del SARS-CoV-2 (la causa del Covid-19), todavía es solo una prueba del tremendo trabajo que queda por hacer. Sobre todo porque el desafío de dar de comer a una humanidad en desarrollo necesita la creación de sistemas de producción más sostenibles. Por servirnos de un ejemplo, la Unión Europea se ha fijado el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 40% para 2030 en comparación con 1990. Por tanto, hablamos de producir más, pero también de generar mejor, con más respeto por el medio ambiente.

Hablamos de producir mucho más, pero asimismo con mucho más respeto al medio ambiente.

El economista Jesús Navarro, responsable de la consultora experta en detectar tendencias de innovación en Innsai, resalta dos tendencias que han resuelto el misterio. Por otro lado, “varios alimentos a partir de proteínas animales van a otros alimentos a base de proteínas vegetales” como opción alternativa a los primeros. Los subproductos vegetales ahora se están propagando en los aparadores que semejan leche y hamburguesas sin un gramo de carne, por poner un ejemplo. Son productos mucho más sostenibles con una producción que tiene menos encontronazo en el medioambiente, resalta el especialista.

La otra tendencia está impulsada por la tecnología. Se trata de “conseguir más producción con menos elementos”, y eso requiere una agricultura mucho más eficaz y también inteligente. Conceptos como la llamada “agricultura 4.0” surgieron para enfrentar el reto. La proliferación de biotecnología, sensores, drones, robots, hidroponía y el uso de desarrollos como ‘big data’, impresión 3D y el llamado ‘internet de elementos’ se tienen dentro en la novedosa agricultura.

“La crisis sanitaria está favoreciendo una exclusiva visión de contacto con el consumidor”

En esta etapa, el sector regional está en una aceptable posición de partida. “La tecnología aquí ha evolucionado hace 40 años merced a las empresas que la desarrollaron en colaboración con el agricultor, a quienes siempre y en todo momento se les dio resoluciones originales a cada inconveniente”, explica la economista Elena García Cartagena. Este experto regula la interfaz Agritech Murcia, en la que se reúnen veinta compañías de tecnología agraria con entidades de investigación y compañías de la región, como el Centro de Promuevo (Info), la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), el Instituto Murciano de Agricultura y Investigación y Avance Alimenticio (Imida) y Centro de Ciencia del Suelo Seguro y Biología Aplicada (Cebas-CSIC). “Esto ya transformó nuestra agricultura en un modelo exitoso que en este momento tenemos la posibilidad de exportar”, agregó García Cartagena, quien está ampliando su trabajo en Info, en el momento en que se le preguntó cómo el apogeo de la tecnología puede cambiar nuestra agricultura.

Fernando Gómez, Directivo General de la Asociación de Productores y Exportadores de Frutas y Hortalizas de la Zona de Murcia (Proexport), responde a la misma pregunta recordando que se trata de un sector en constante evolución. Ya hay empresas en la región, señala, que usan, por poner un ejemplo, “procesos robóticos, tanto en el almacén como en el campo”. Asimismo se refiere al uso de “ big data ”, biotecnología, drones e inclusive el llamado “ blockchain ” (conjunto de tecnologías para un registro distribuido, descentralizado y sincronizado de información entre diferentes gadgets), como ahora avanza. desarrollandose. ahora presente en compañías del campo regional.

Gómez advierte que estos adelantos siempre y en todo momento tienen un costo mayor para quienes los introducen por vez primera, incurren en costes auxiliares por novedosas inversiones y a fin de que el plantel deje huír la siguiente. Pero al mismo tiempo, el vanguardista se beneficia de la depreciación de los procesos mediante, por poner un ejemplo, novedades operativas.

Varios de los adelantos logrados tienen la posibilidad de estar impulsados ​​por los cambios masivos y también inesperados en los cilindros de ensayo que representará el trance global de Covid-19. “La crisis del coronavirus está creando una exclusiva visión de contacto con los usuarios”, advierte Navarro. El CEO de Innsai cree que se está abriendo un nuevo “camino” entre el agricultor y el consumidor final que puede cambiar la estructura de hoy de los canales de distribución. Este punto está online con la demanda últimamente observada de productos producidos en un entorno más próximo para minimizar la huella ambiental del transporte de gran distancia.

Con esta filosofía está proliferando la llamada agricultura vertical, un nuevo modelo que varios especialistas están convencidos de que brotará en los próximos años. Básicamente, es la producción de plantas en inmuebles urbanos lo que contribuye modelos frescos y más variedades locales, contrariamente a la inclinación de uniformidad de las últimas décadas. Es un modelo considerablemente más sostenible (con su distribución tan cercana, apenas se emiten emisiones de CO2). En todas y cada una de las fábricas, e inclusive en las testeras, ya hay edificios terminados dedicados a la producción agrícola en distintas unas partes del mundo.

“Asimismo generará más cantidades para alimentar a una población urbana en crecimiento”, añade Navarro. Los especialistas de su compañía aseguran que este género de agricultura, fundamentada en cultivos hidropónicos eficientes, ahora puede ocasionar el doble que los cultivos comúnes, con un ahorro de agua de hasta un 90% y un 40% menos de energía.

La UPCT tiene un equipo dirigido por el instructor Jesús Ochoa, del Departamento de Producción Vegetal, que lleva tres años estudiando de qué manera explotar las azoteas y terrazas de Cartagena para cultivar frutas y verduras. Algunos estudios concluyeron que la superficie útil de estos espacios en una ciudad puede acondicionarse para cubrir hasta el 70% de las pretensiones alimenticias de esa localidad.

Navarro apunta a “otra iniciativa que he madurado hoy”, en este ambiente de cambios provocado por la lucha contra el Covid-19. Hace referencia al movimiento, que asimismo existía antes, que busca remover el desperdicio de alimentos de la producción y consumo de hortalizas. “Esta crisis del coronavirus nos hace optimizar considerablemente más los alimentos que adquirimos y reducir los restos que producimos hoy pues estamos solos en casa”.

El propósito de “generar sin desperdicio” ya se encontraba publicado entre los especialistas. Pero “esta crisis ayuda a que se dé cuenta”, añade el experto.

Artés Calero, principal creador del conjunto Articulo Recogida y Refrigeración de la UPCT, se encuentra dentro de los investigadores que ya tiene tiempo para buscar formas de achicar la considerable suma de residuos que crea el ámbito, desde la obtenida hasta el consumo de sus productos, que, según la Comisión Europea corresponde a una tercer parte de la producción mundial.

“Equilibrar las necesidades y la disponibilidad de productos vegetales y conseguir la seguridad alimenticia universal”, entre los objetivos de desarrollo sostenible marcados por ONU para el año 2030, coincide el emérito en que “la mayoría de las medidas ofrecen un aumento de la producción agrícola”. Para esto, añade, ya se están aplicando avances tecnológicos, como nuevas variedades obtenidas mediante ingeniería genética que son más productivas y resistentes a plagas y patologías; riego de grandes superficies y mejores técnicas de cultivo, integrando “el esfuerzo de ingenieros, genéticos, botánicos, bioquímicos y microbiólogos”. Sin embargo, reconoce que “pese a los adelantos, queda mucho por realizar”.

Voluntad política

Para el profesor, “la implementación internacional de una cadena de frío amoldada y sostenible, con sus técnicas complementarias incorporadas con tecnologías de poscosecha, es un medio fundamental para seguir en la seguridad alimenticia mundial”. El especialista (premiado con un doctorado honoris causa en ciencia y tecnología de los alimentos por la Facultad Italiana de Puglia en reconocimiento a su condición de vanguardista en la conservación de frutas y hortalizas frescas) insta a ‘promover la cooperación al avance para contribuir a los labradores a acrecentar su productividad y diversificar las plantas y producción animal, pesca y acuicultura con la transferencia de tecnologías relevantes y viables ”.

Por otra parte, lamenta, “la falta de intención política y de elementos económicos son los primordiales obstáculos para solucionar el flagelo popular del apetito en el planeta”, cita Diouof. Asimismo queda por ver si los cambios que se sintieron desde esos turbulentos días del coronavirus impulsarán esta intención política y cambiarán nuestra escala de valores lo suficiente para respaldar socialmente una lucha auténtica para dar de comer a todo el mundo.

Para acabar con el hambre

Según el profesor emérito de la UPCT Francisco Artés Calero, “los gobiernos y la sociedad civil de los países desarrollados tienen la compromiso ineludible de superar estos óbices” que impidieron el fin de la hambruna que afecta a 800 miles de individuos (datos de 2015), en un mundo con, paradójicamente , 2.100 miles de individuos con sobrepeso (datos de 2014). La investigadora protege la aceptación “de que nuestros pares que sufren en extrema pobreza están amparados por la ley. Solo de esta manera podremos vislumbrar un futuro agradable y con mayor confort para la raza humana ”, concluye.

Después

Fuente La Verdad de Murcia

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