Los primeros dátiles de España eran jumillanos

GINÉS S. FORTE. Hasta mediados de los 70, las estadísticas de la agricultura regional todavía recogían unas producciones extraídas a las palmeras datileras de cientos de toneladas. Ahora ni tan siquiera viene reflejada una tonelada en estos registros oficiales. Su valor actual es más ornamental y ecológico que agrícola, lo que ha puesto en peligro su supervivencia. Sin embargo, desde hace tiempo su cultivo mantuvo a miles de familias murcianas, y ha arraigado en los pobladores de la Zona una particular querencia por un árbol que tiene aquí sus vestigios más ancestrales.

En el Museo de Jumilla se conservan unos huesos de dátiles que proceden de la llamada Gruta de los Tiestos, que representan la prueba mucho más antigua de la presencia de esta clase en España. Se trata de unos restos fosilizados de la Edad del Bronce, con casi 5.000 años de antigüedad. Varios milenios tras aquel momento, la introducción reciente de palmeras datileras orientales, específicamente desde Egipto, prácticamente ha acabado con esta vieja compañera de la huerta murciana en poco más de una década, al contaminarla con el voraz picudo rojo.

Las larvas de este coleóptero horadan galerías en los leños de los árboles hasta hacerlos morir en muchos casos. La llegada de este parásito ha acelerado la caída en desgracia de un cultivo que se encontraba en desuso, lo que verdaderamente inició su mayor contratiempo.

Sin cultivadores que cuiden de ellas, las palmas datileras se quedaron en una anécdota en la Región de Murcia. En un instante en el que se tratan de recobrar cultivos que también habían prácticamente desaparecido, como las chumberas, los granados o los algarrobos, quizá en un tiempo vuelvan a trabajarse las datileras, utilizando la adaptación que desde hace tiempo han demostrado al lote y la tendencia hacia unas producciones mucho más sostenibles.

Sus hondas raíces, capaces de absorber el agua que está a gran hondura, le dan una resistencia a la sequía y a la aridez que le aportan mayor interés frente a los cambios en el tiempo que se atisban. Además, es capaz de medrar en suelos salinos. Otra virtud mucho más.

Si el instante de intentar recuperar a nuestra palmera datilera llega, la Facultad Miguel Hernández de Elche conserva en su banco de germoplasma semillas e inclusive plantas en el campo que podrían beneficiar esa misión.

Entre tanto, no estaría de sobra preservar si desee como tradición entre las prácticas agrícolas más antiguas en estas tierras.

Fuente La Verdad de Murcia

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